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Jinx #12 Septiembre de 1935

El editor al habla

«Por el interés de la magia»

Normalmente, es todo un placer componer una entrega, pero no cuando hace calor. Escribo esto en unos abrasadores días de agosto en los que el termómetro empieza en 30 grados en lugar de detenerse allí. Dos cosas me frenan: la falta de sueño y el calor. Lo último ya ha sido explicado, mientras que lo primero se debe a que acabo de convertirme en madre postiza de una perra de muestra de solo ocho días. Quizás pueda educarla en el pacifismo y utilizar su capacidad de señalar presas para encontrar cartas. Estas dos excusas son por qué he hurgado tanto en mi cuaderno para este número. Estoy empezando una nueva idea con el número de octubre, y creo que resultará bien. Y, para entonces, el cachorro debería ser capaz de alimentarse solo, de modo que yo pueda concentrarme en algo más que biberones y calentar leche.
Vincent Dalban me ha escrito que pone a la venta fotografías de magos antiguos. S.W. Clarke, el conocido historiador de la magia, ha suministrado los originales, y las reproducciones son extraordinarias. El coste de estas ha sido sufragado de forma privada, así que cada centavo irá directamente dirigido al Fondo Benéfico Memorial Maskelyne, fundado tras la muerte de J. N. Maskelyne a modo de memorial perpetuo del gran mago, y que fue concebido para apoyar a los magos en dificultades. Los fotografiados son Bartolomeo Bosco, Comte, Ludwig Dobler, Robert Houdin y Philippe. Por 75 centavos puede obtener el conjunto, gastos de envío incluidos, del sr. Dalban (Quinta Road, 32, Babbacombe, Torquay, Devon, Inglaterra). Disfrutará de las imágenes y ayudará a alguien en la magia sin mayores alivios.
Las actividades poco éticas manchan la magia notablemente. El público lo observa mediante la saciedad, cuando aparece un nuevo efecto y los brujos se ganan a pulso el eterno sambenito de ‘Todos los magos hacen los mismos trucos’. El efecto de atravesar una cinta caminando es un ejemplo reciente. Utopia Magicalis debiera llamarse el país donde todos los magos realizan sus propios juegos y a sus creadores se les respetan los derechos de ejecución. Sin embargo, semejante esperanza solo puede compararse al sueño del inventor de lograr el movimiento perpetuo. La naturaleza humana se manifiesta desde mucho antes de que la magia fuese una herramienta de entretenimiento y, fiel a sí misma, provoca que se abalancen sobre los nuevos efectos como motor permanente. La primera vez que lo vi fue a Blackstone en Chicago. Todos sabemos que la versión de escenario creció a partir del truco del Dado y el Cuadro de hace unos años, y es una admirable aplicación del principio. El doctor Gordon Peck de Glens Falls (Nueva York), aficionado –excelente, por cierto— entregado y ético como ninguno, se lo compró directamente a Harry, con quien es uña y carne, y lo presentó por primera vez en Nueva York en el espectáculo de la S.A.M. del Hecksher Theatre. Aparte de un volquete de ilusiones, el doctor Peck traía consigo cinco ayudantes, un director de orquesta y un regidor que previamente había trabajado con Dante. La pulida presentación hizo que todos los presentes se fijasen en la cinta, y que los vendedores no perdiesen ni un instante en escribir anuncios sobre «la sensación de la convención anual». Un conocido líder de última fila llegó incluso a publicar diagramas. La cuestión que me consume y que sigue sin respuesta es: «¿Por qué los magos esperan a que alguien lo haga, en lugar de hacerlo ellos mismos?». Hay cientos de trucos catalogados y efectos publicados que nadie está utilizando. Sin embargo, en el momento en que alguien con imaginación y visión toma este efecto de estas fuentes, todos saltan y dicen: «¡Es estupendo! ¡Voy a usarlo!» Y ¿qué se le va hacer? Nada. Mi respuesta es: «Desarrolle un poco de amor propio a la par que su magia.» ¿Qué responde usted?
La situación de los vendedores es como la de dos pequeños empresarios montando puestos de limonada en el jardín. Cuando a uno se le preguntaba por qué mantenía su precio en cinco centavos cuando su competidor lo había bajado a tres, se encogía de hombros. «Hace ya tiempo que no le va bien», me dijeron, «y está intentando venderlo todo antes de que se corra la voz.» Cuando un vendedor copia un truco a menor precio, puede usted jugarse hasta su último falso pulgar a que en efecto hay gato encerrado. Rara vez dejará de obtener lo que ha pagado si es fiel a los vendedores reputados y consolidados. La lamentable muerte de Sam Bailey nos ha privado de uno de ellos, y no podemos permitirnos pérdidas como esa. Cuídenlos mientras puedan para que los traten correctamente.
Ahora tengo que ir a dar de comer al cachorro y a preguntarme si cuando crezca robará los huesos de otros perros.



No, no es un efecto: es un cóctel con una salva de ideas relativas a efectos que encontrarás en este número y a otros que ya conoces. Ensartado entre todos ellos, un soliloquio bien valioso sobre pensamiento mágico y construcción de efectos.

 

PENSAMIENTOS EN GENERAL (Annemann)

En relación al efecto del ‘Rey Solitario’ en este número, hay una rareza con cartas que hace unos años me enseñó un jugador profesional, y que él utilizaba a modo de solitario. Mezcle una baraja y reparta veinticinco cartas, dejando aparte el resto del mazo. Vuelva estas cara arriba, repártalas en cinco filas de cinco naipes cada una y luego muévalas de sitio a voluntad, hasta que haya completado cinco manos de póker consistentes en escalera, full o color, según el modo en que se ordenen. No puede haber solo parejas ni tríos, solo manos que utilicen las cinco cartas. Esto siempre se puede hacer sin importar las cartas que haya obtenido. A veces es fácil y otras, se pasará una hora hasta verlo. Es un puzzle fascinante y si lo intenta y se atasca, envíeme los nombres de las cartas y un sobre con sello. Si no soy capaz de resolverlo, conozco al tipo que puede.
Rondando mi cuaderno hay otro curioso trocito de información: alguien mezcla una baraja y nombra dos valores distintos. Hace un abanico con la baraja cara arriba e indudablemente puede mostrar ambos valores juntos en algún punto. Las probabilidades a favor de esto son bastante altas, y ha sido utilizado como apuesta en no pocas ocasiones.
También puede extender una baraja cara abajo y pedir a una persona que voltee tres cartas, apostando a que entre las tres habrá un As, un Dos o una Jota. Al espectador le parece que solo doce cartas de cincuenta y dos le pueden hacer perder, pero en realidad el porcentaje es distinto y bastante más ventajoso para usted. Nunca diga que yo promuevo las apuestas, pero en caso de que alguien se sienta inclinado por ellas, estos dos elementos son garantía de éxito.
En el ‘Libro sin nombre’ hay un efecto llamado ‘Siete llaves a Baldpate’. Utilizaba un candado tipo Yale o Corbin y siete llaves, de las cuales solo una lo abría. Las llaves debían mezclarse y siete personas tomaban una cada una y la sostenían en su puño cerrado. El actuante pasaba entonces entre los espectadores y finalmente se detenía frente a uno, cuya llave se probaba y abría el candado. Yo usaba una pequeña bolsa de cambio y llaves adicionales en el método propuesto. Robert Thrasher, de Elmira (Nueva York) y yo estuvimos juntos hace no mucho, y al hablar sobre el efecto este empezó a evolucionar, no solo hacia un método mejor, sino hacia un efecto más potente para el público. Solo se necesitan un candado y ocho llaves, una de las cuales abre el candado. Todas las llaves parecen iguales, y siete de ellas son las que se utilizan abiertamente. Una de las que no abren el candado se utiliza en secreto. Ate un cordón a la llave que abre. Entregue las demás a un espectador con el candado y pídale que las pruebe. Entonces, entréguele la que abre. Pase entonces el candado por el ojal de su chaqueta y ciérrelo. Retire el cordón de la llave y échela en un sombrero o en un cuenco con las demás. En realidad, lo que habrá hecho será cambiarla por la falsa que conservaba con un simple pase como de monedas. En este punto, nadie espera nada, y la atención estará más puesta en el candado en el ojal. Pida que mezclen las llaves y que siete personas tomen una. Pase ante ellos y deténgase por fin ante uno de ellos. Mantenga la llave auténtica en el empalme de dedos en la mano izquierda, tome la llave del espectador, realice el cambio y entregue la auténtica al espectador con el candado. Se lo quita y todo está bien y puede ser examinado.
Me pregunto cuántos habrán pasado por alto el juego del billete que encoge de Max Holden, aparecido en el Linking Ring de mayo. Es excelente y novedoso. Se enrolla un billete muy, muy apretado en las manos, se despliega y parece haberse encogido mucho con respecto a otro con el que se compara. Cuanto más se pliega y menores son los dobleces, menor parece, y la imagen, cifras y diseño también encogen sin distorsión. Requiere hacerlo tres o cuatro veces para que resulte, y el billete no deja de encoger. Yo hablo sobre una exhibición práctica de deflación económica: el dólar de la mesa es de antes de la recesión y el que se utiliza es lo que ha venido sucediendo. Cuando el sr. Roosevelt devaluó la moneda, el dólar pasó a valer 59 centavos, y todos los miembros del congreso y del senado salieron a las escalinatas del Capitolio con un montón de billetes, a pasarse día y noche haciendo que cada dólar valiese 59 centavos. Mientras que cuenta esto, enrolla usted el billete muy firmemente, luego lo desenrolla para mostrar que su valor se ha reducido a 90 centavos, luego a 75 y, por último, a aproximadamente 59 centavos. Es bobo pero divertido, y bastante llamativo. (Nota para los lectores ingleses: Disculpas por el espacio que acabo de usar. Lo he intentado con un billete de diez chelines y no funciona.)
Para quienes usen el canario en la bombilla, se me ha ocurrido una variante que puede ser muy eficaz. En lugar de utilizar un pájaro, utilice agua: Encienda la bombilla como corresponde y haga desaparecer un vaso de agua (no el vaso; el agua). Puede utilizar un Foo Can o cualquier otro medio. Instantáneamente, y en coincidencia con la desaparición, la luz se apaga, la bombilla se desenrosca y resulta estar llena de agua cuando se rompe. El contraste del agua dentro de una bombilla es muy fuerte e impresionante. Para rellenar una bombilla, introdúzcala en un barreño de agua y corte la punta con unas tijeras. El vacío de la bombilla hace que se llene sola; luego, basta con cerrar el agujero con cera.
Hablando de la Foo Can, me acuerdo de un número cómico muy gracioso en el que se utilizaba. Se insertaba el dispositivo en un bombín. Como se acostumbra, surge la oportunidad para el bromista de llenar el sombrero de agua y esperar el diluvio. No obstante, el sombrero se pone y quita sin que nada suceda y la broma crece. Es muy divertido verlo, porque sucede lo opuesto de lo que se espera. Quizás Frank Lane pueda usar esto en la próxima convención.
¿Por qué los magos no se actualizan? Ya he visto a dos ejecutar un juego de cartas con el tema del ladrón que empleaban la consabida charla del ‘policía y el ladrón’. En lugar de eso, utilice al FBI y conviértalo en una caza al hombre moderna. Será más interesante y memorable hablar de cómo «capturó a Dillinger» que un truco de cartas sobre ladrones.
Los magos podrían aprender mucho si rebuscasen en viejos archivos de revistas. Hay dos trucos que se usan sin parar hoy en día, pero nadie los está haciendo como se concibieron originalmente, cuando eran mucho más potentes. La jaula que desaparece es el primero de ellos. La jaula y el pájaro se mostraban y desaparecían. Entonces, el actuante explicaba que nada había que temer por el pájaro, porque había desaparecido antes que la jaula. No obstante, se habían desvanecido tan consecutivamente, que parecía una sola desaparición. Tras haber dicho esto, el actuante se llevaba la mano bajo la chaqueta y salía con un canario que se iba volando. Siempre he pensado que es un buen final y recuerdo haber intentado que Keating lo usase cuando estaba haciendo que Broadway se inquietase por las aves. La protectora de animales intervino y estalló la típica polémica sobre «herir o no herir». Este final hubiese sido muy apropiado y un buen retorno, pero Fred no lo veía como yo, o bien estaba demasiado cansado como para intentarlo. Hace poco oí que, mientras que trabajaba en una película, hizo la desaparición de la jaula con una paloma. Puede haber sido puro guirigay (Fred tenía fotos con una jaula de loro del tamaño de un Austin), pero le conozco lo suficiente como para intuir que podría intentar algo así. Si lo hizo, seguramente parecía el increíble forzudo Lionel Strongfort en sus buenos tiempos tras hacer desaparecer la jaula y la paloma (?).
El otro truco es el de las cartas de los bolsillos. Los actuantes siempre piden que mezclen la baraja y luego sacan la carta nombrada. Cuando Herbert Brooks presentó esta exhibición lanzó una baraja para que se seleccionasen tres cartas. Cada espectador que escogía una carta escribía su nombre en ella y la mezclaba de vuelta. Brooks ponía las mitades en los bolsillos de los pantalones y sacaba las cartas, devolviéndoselas a sus propietarios para su examen. Luego, decía que era fácil porque podía encontrar cualquier carta pedida, y que cuando nombrasen las cartas, las encontraría. Los índices se encontraban al inicio en los bolsillos dobles. La baraja de la que se elegían las cartas era de tamaño normal, pero se recuperaba durante la firma de las cartas y se cambiaba por una estrecha. En los bolsillos podía sacar las tres cartas elegidas y devolverlas. Las otras cartas pedidas procedían de los índices. Esto era sutil, porque la localización de las tres cartas marcadas daba la impresión de que era la misma baraja mezclada. Si hace este efecto, pruebe esta versión creada por su inventor.
Otros pueden pensar en esto, pero nunca lo he visto impreso y lo considero una necesidad. No creo que haya un lector al que no le hayan dado algo a modo de broma y le hayan pedido que lo saque del bolsillo de un espectador. Si el objeto es razonablemente pequeño, como un bolígrafo, un lápiz o un reloj, puedo contarle un pequeño giro curioso. Simplemente, realice una localización de carta simple y tome al cordero como asistente. Pídale que mezcle la baraja tras haber devuelto su carta y, cuando recupere la baraja, utilice su método preferido para llevarla al lomo o al fondo. Pídale entonces que se acerque y se sitúe a su lado, y con la mano derecha robe del bolsillo el objeto. Se encuentra a su izquierda: solo tiene que depositar la baraja en su bolsillo con ambas manos y aprovechar para dejar también el objeto. Entonces, pídale que nombre su carta y utilice una sola mano para sacarla del bolsillo. Saque la baraja inmediatamente y pídale que vuelva a su sitio para hacer otro juego. Nunca sabe por dónde le ha dado luego, cuando el objeto desaparezca y usted, con las manos obviamente vacías, lo extrae de su bolsillo. Está bien saberlo, en cualquier caso.



Aquí se abre otro horizonte: Si hacemos exhibiciones de juego, ¿por qué no hacemos exhibiciones de solitario?

 

EL REY SOLITARIO (Annemann)

Hay cosas que salen a la luz por descubrimientos accidentales y otras, mediante el duro trabajo tras la concepción de una idea. Esta es una de las últimas. Como juego mucho al solitario, se me ocurrió que sería muy eficaz si uno pudiese ganar a voluntad. Obviamente, habría que ordenar la baraja. Me preguntaba si sería posible tomar uno de los sistemas mágicos conocidos y ganar a uno de los más famosos juegos de solitario. El juego que describo a continuación se llama ‘Canfield’, y al que se puede vencer con una baraja ordenada siguiendo el patrón de los Ocho Reyes. Corte una Jota al fondo y adelante. Yo lo intenté empezando carta por carta con la baraja ordenada en Si Stebbins (As-4-7-10, etc.) pero no funcionó. Después de algunos trucos en una reunión de jugadores con baraja ordenada, es un buen final mostrar cómo hace para ganar siempre al solitario. Mezcle en falso y proceda. Solo hay un punto al que prestar atención y que no debe ser pasado por alto. Hacia la mitad habrá dos sietes rojos sobre los que hay que situar un seis negro. Póngalo siempre sobre el siete de la derecha y estará a salvo. A continuación, las instrucciones para el juego en cuestión.
Hay veintiocho cartas en el tablero de este juego, que se disponen como sigue: Hay siete cartas en la primera fila horizontal; se juegan las primeras seis de izquierda a derecha cara abajo y la séptima, cara arriba. Hay seis cartas en la segunda fila, las cinco primeras cara abajo y solapadas sobre las cinco de la fila superior. Siga del mismo modo con las filas cuarta, quinta, sexta y séptima, con la última carta de cada fila cara arriba y el resto, cara abajo. La última o séptima fila solo tiene una carta, cara arriba, siendo así la carta inferior de la columna de la izquierda.
El objeto del juego es construir los palos por separado y en secuencia del As al Rey, en los espacios encima de este cuadrante. Estos se llaman «fundamentos». Para jugar, retire los ases que haya cara arriba y colóquelos arriba para crear el fundamento. Siga con los doses, treses, y demás por palos si las cartas están a la vista. Cuando una carta está cara arriba, se coloca en los fundamentos o se mueve a otra posición; la carta inmediatamente superior en la columna vertical debe volverse cara arriba y queda disponible para jugar.
Las jugadas se desarrollan en el tablero en orden descendente y colores alternos, negra sobre roja y roja sobre negra. Todas las cartas de una columna se mueven simultáneamente. Deben realizarse tantos movimientos como sea posible, pues es ventajoso para el jugador volver cara arriba tantas cartas del tablero como le sea posible. Un movimiento hecho no se puede deshacer, y un siete rojo que, por ejemplo, haya sido ubicado encima de un ocho negro no se puede mover a otro ocho negro una vez realizada la primera jugada. Los espacios vacíos en lo alto de cada columna solo pueden llenarse con reyes.
Cuando se hayan realizado todos los movimientos posibles en el tablero, se añaden cartas desde el montón sobrante. Las cartas se vuelven cara arriba en grupos de tres y la carta superior de esta pila queda disponible para el juego según las normas anteriores. Cuando no se puedan hacer más movimientos desde el tablero o del montón volteado, se colocan las tres siguientes cara arriba encima. Este paquete se puede recorrer tantas veces como se quiera, hasta que no queden jugadas posibles. El paquete nunca se mezcla; solo se vuelve cara abajo y se vuelve a repartir como antes. No invierta las tres cartas al voltearlas: tómelas como un grupo.
Personalmente, creo que es una exhibición excelente en partidas de cartas y lugares donde se suela jugar. Tan solo hay que abandonar la sala unos minutos y ordenar uno de los mazos. En mi libro ‘El libro sin nombre’ ofrezco un sistema mecánico y rápido para ordenar en secuencia de ‘Ocho reyes’. Esto es diferente de la típica exhibición con cartas. Utiliza un juego en el que todo el mundo sabe que es difícil ganar, y sirve al propósito de convencer a los espectadores de que es usted un gran manipulador. Hacer un cambio de baraja en el solitario no es gran cosa. Solo me atribuyo la originalidad del efecto y el descubrimiento de que los ‘Ocho reyes’ vencen a este juego en concreto.



¿Una asamblea de ases en la que cuatro espectadores extraen cada uno un as de la baraja, se lo guardan en la mano y los ases se reúnen entre las palmas de uno de ellos? Así es. Tan increíble como suena.

 

CUATRO ASES EN EL ESCENARIO (Annemann)

No creo que deba disculparme por esta versión del truco porque ahora se puede realizar en escenario o plataforma con cartas de tamaño normal, y de una manera nueva que mantendrá el interés. Este método también lo hace parecer más claro que nunca y resulta imposible cualquier triquiñuela.
El actuante pide cuatro voluntarios que se pongan en fila. La baraja se le entrega a uno y se le pide que la recorra y extraiga el primer as que vea, que no se lo enseñe a nadie y que lo deje cara abajo en su mano extendida. La segunda persona recibe la baraja para extraer otro y hacer lo mismo. La tercera persona procede igual, y la cuarta recibe el último as. El actuante mezcla entonces la baraja, y cubre cada as con tres cartas indiferentes. Vuelve cara arriba una carta cualquiera de la baraja y pide a la persona que esté sosteniendo el as del mismo palo que dé un paso al frente y cubra sus cartas con las manos. El actuante toma las cartas de los otros tres espectadores, las devuelve a la baraja, mezcla, coloca una goma alrededor de todo ello y lanza la baraja al público. Pide que la persona que la reciba se ponga de pie, la recorra y cada vez que encuentre un as lo lance al aire. Todos miran, pero no hay ases en la baraja así que se devuelve. La persona elegida se adelanta y muestra sus cartas. ¡Son todas ases!
Por supuesto, son necesarios tres ases adicionales. Tome una baraja y lime las cartas, usando una como patrón, para hacer una baraja corta. Los tres ases adicionales son corrientes, y se sustituyen por los de sus respectivos palos en la baraja. Tiene así dispuestos tres ases largos en una baraja y los tres ases cortos, en el bolsillo derecho del pantalón con sus caras hacia su cuerpo. En el mismo bolsillo debe guardar la goma. El cuarto o as suelto de la baraja tiene una marca de medio centímetro en ambos cantos largos, hecha con lápiz, si la baraja es razonablemente nueva. Si no lo es, ponga un punto en cada extremo de la carta en los márgenes blancos del dorso. Solo es necesario saber qué espectador toma esta carta suelta. Puede ver que falta de la baraja al pasar las cartas entre los espectadores con un vistazo al canto del mazo, o bien puede hojear los dorsos cada vez que entregue la baraja a otra persona.
Mientras que el último espectador encuentra su as, deje caer la mano al bolsillo y empalme los ases. Tome la baraja de vuelta con la mano izquierda y añada los ases encima. En este punto, nadie espera que ocurra nada, y ha convencido al público y a sus asistentes muy sutilmente de que solo hay cuatro ases en la baraja. Esto es lo que hace tan abierto el efecto. Al principio, tenía una carta en el fondo del mismo palo que este as por ser elegido, y se mantiene en su sitio mientras que los extraen. Entonces, se habrán añadido los tres ases encima, usted puede darle una mezcla americana en manos a la baraja y mantener las tres superiores y la inferior en sus sitios. Explique que se le van a entregar tres cartas a cada participante, y reparta tres ases sobre el as suelto que ha podido localizar. A los demás también se les entregan tres cartas a cada uno.
Entonces, dé una mezcla en manos a la baraja que lleve la carta inferior arriba, y al mismo tiempo observe que una de las cuatro personas debe ser elegida. Solo diga: «Lo dejaremos al azar volviendo una carta cualquiera (termine la mezcla y vuelva una carta), cuyo palo elegirá a la persona. ¿Puede quien tenga el as de este palo adelantarse y sostener las cartas firmemente entre sus manos?» De nuevo, ha sido muy claro, porque nadie sabe quién tiene cada as excepto los propios participantes.
Pida que devuelvan los tres paquetes restantes a la baraja. Corte por debajo de este conjunto de doce cartas y mezcle encima. Solo debe repetir lo mismo, pero el pulgar y los dedos pueden retener los ases largos y dejarlos encima de la baraja. Mientras que ejecute esta segunda parte, dé las gracias a los tres voluntarios y despídalos. Su mano derecha empalma los tres ases de encima y acude al bolsillo a por la goma. Ate la baraja y láncela al público. En lo que a usted respecta, el juego ha terminado.
Cuando el miembro del público no haya logrado encontrar el as, le devolverá la baraja y el espectador elegido se adelantará y mostrará sus cartas. La baraja queda completa y los ases largos han desaparecido, conque no queda rastro de nada, si es que alguien quisiese examinarla.
He encontrado que este es un efecto de programa excepcionalmente bueno, y que se puede introducir en cualquier momento. Si uno no quiere usar cartas cortas, hay una alternativa. Cada vez que recupera un conjunto de cuatro cartas de los tres de la fila, déjelo caer encima de la baraja y en apariencia, mezcle un poco. En realidad, pele tres cartas al fondo, lo cual deja el as encima. Después de haber repetido esto tres veces, los tres ases estarán juntos encima y podrá usted darles una mezcla americana adicional manteniéndolos en su sitio. Cuando despida a los tres, levante los ases por detrás con el pulgar, empújelos ligeramente hacia adelante y con los dedos enfrente, llévelos a empalme. Esto se hace en el instante en el que los espectadores están sentándose, y está muy cubierto. Con este método no son necesarios naipes trucados. Solo hacen falta tres ases adicionales.
Una prueba es, en mi opinión, cuanto hace falta para que el lector se convenza de que el efecto es bueno. La acción de colocar a cuatro espectadores en fila y entregarles la baraja, así como sostener las cartas, es muy fuerte. El lanzamiento de la baraja al público para que un espectador se levante y lance los ases es lo suficientemente novedosa como para que el público siga a la expectativa de que pase algo. Y cuando todo ha terminado, recuerdan claramente que no podría haber habido más de cuatro ases en la baraja y que en realidad fueron extraídos sin que el actuante tocase nada. De hecho, recuerdan muy poco de lo que el actuante ha podido hacer porque la atención se mantiene en los voluntarios.



Un caramelo final: a Annemann se le ha ocurrido una idea y te la propone como reto. Años después, se resolvió el misterio y resultó ser uno de los efectos más conocidos de la historia de la cartomagia…

 

SE BUSCA – ¡Una secuencia de cartas sin cartas!

Durante mucho tiempo he tenido la idea de que una secuencia como esta es posible. Sería algo nuevo, como supondrán, pero yo no he tenido el tiempo de trabajar mucho en ello. Un efecto podría ser el siguiente: El mago finge que tiene la baraja en la mano, que extrae de su estuche. Hace como que mezcla las cartas y luego las extiende ante un espectador para que tome una. Esta persona participa del juego, finge tomar una carta y el actuante le advierte que no la deje ver a nadie. Se devuelve y el actuante permite al espectador que mezcle la baraja. Devuelve la baraja a su bolsillo y el espectador debe entonces nombrar su carta. Cuando el espectador por fin nombra su carta, el actuante se mete la mano en el bolsillo y, en efecto, extrae esa carta. Todo es pantomima hasta el final. Puede haber mucha comedia en una secuencia de estas características, así que piense en lo que se puede hacer. Yo sé que la idea tiene potencial.

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